Hoy te vi dos veces.
Subo al tren. Dirección Yokohama. Son las 6,53 de la mañana, para no variar. Los mismos tipos y las mismas caras de siempre. Cada uno en su sitio dispuestos cual tablero de ajedrez. Nadie usurpa el terreno de nadie. Territorio conquistado tras dias de árdua lucha y empujones con otros viajeros. El tren se despereza lentamente y toma rumbo hacia la próxima estacion. La mañana es diafana y soleada, inusual, para esta época de lluvias.
Nos acercamos a la siguiente estación y por un momento, a través de los cristales, te vislumbro claramente. Como una diosa, inmaculada y pétrea. Mientras, los rayos del sol, iluminan tu bella cara y ofrecen la visión de tu perfecta y estilizada silueta. Me olvido de todo, doy rienda suelta a mi imaginación y… comienzo a enamorarme. No consigo olvidarte durante el resto del día. Aunque seas un amor imposible y nunca me pertenezcas, continúo pensando en ti.
De regreso, por la tarde, sigo teniendo el mismo pensamiento. Tu imagen de vestal no me abandona. Llegamos a la estación donde te vi y, para sorpresa mía, apareces nuevamente. Los rayos del atardecer consiguen que tu belleza sea más real todavía. Tu perfil ahora se me antoja inolvidable. Cientos de atractivas chicas pululan por el andén pero no es lo mismo. Sin ti, desde hoy no sabría que hacer. Te quiero.
x — 28-10-2005 06:40:41
P.O.G. — 30-10-2005 03:34:10
Matu — 08-11-2005 19:50:36