El último bosozoku
Este fin de semana, concretamente el viernes, cuando volvía a casa a altas horas de la noche tuve la ocasión de ver nuevamente a un “bosozoku”, un solitario “motero” haciendo estridencias y piruetas varias con su tuneada motocicleta por la avenida principal de mi barrio. Hacía ya muchos meses que no veía ni sentía a ninguno. En mis tres primeros años de estancia en Japón raro era el fin de semana que no me despertaban con su infernal e insoportable ruido, a altas horas de la madrugada, tanto el sábado como el domingo . Su estridente y lento paso era desesperante. Cuando estabas en el mejor de los sueños comenzabas a escuchar el ruido, que se te iba metiendo en los oidos poco a poco y pasando al cerebro a medida que se iban acercando, hasta hacerse totalmente insoportable. Era un auténtico problema social al que según parece nadie quería dar solución por miedo a las venganzas de estas tribus de la velocidad.
A mediados de los años ochenta las bandas de “bosozokus” sembraron el terror en las carreteras niponas con motos y coches tuneados, trucados, sin placas de matrícula o bañadas con laca reflectante para evitar las fotografías identificativas de la polícia y cuyo único fin era infringir hasta el límite todas las normas de tráfico posibles. Y pobre del automovilista que se enfrentase a ellos porque la variopinta y atronadora caravana que formaban con sus motos y coches no le dejaba avanzar. Lo menos que le podía ocurrir es que se llevase una buena paliza con bates de beisbol que los “bosozokus” o sus acompanantes portaban en sus vehículos o en sus mochilas.
En aquella época más de mil bandas de moteros, jóvenes, menores de edad la mayoría, con una media de cincuenta miembros cada una, campaban a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo sin que la siempre pasiva policía nipona les metiese un correctivo, pues simplemente los ignoraban. Por miedo, precaución o por falta de medios, no se sabe. Pero en 1994, salió una “ley de mano dura” contra los ruidosos de la carretera y han quedado reducidos a una tercera parte. Han caído y desaparecido cientos de bandas pues la ley tipifica como delíto contra el tráfico el circular en grupo, con una pena de dos años de prisión o una multa económica de medio millon de yenes.
Otra de las causas de la desaparición paulatina se debe también al paso inexorable de los años pues la mayoría de los componentes va teniendo ya una edad avanzada y sus gustos “revolucionarios” están cambiando. Actualmente los viejos bosozokus superan en numero a los jóvenes pandilleros y está variando su mentalidad pues van pasando a formar parte de clubs donde priman las motos tipo “Harley” y otras de similares diseños, policromadas, perfectamente pulidas, cuidadas y que sólo circulan sábados y domingos por la mañana, sin hacer el mínimo ruido. En algo hemos ganado…pero las horas de sueño que nos robaron y el mal humor que nos crearon, son impagables.
Ahora los únicos que hacen ruido son los “U-yoku”, la mafia política de extrema derecha, con sus canciones e himnos nacionalistas, con sus caravanas de vehículos negros con la antigua bandera japonesa, con grandes y sonoros altavoces, adictos al regimen imperialista, molestando siempre… ii a la hora de la siesta !!, los sábados y domingos, pero ese es otro cantar. Y tema para otro día.
Eska — 15-05-2006 13:31:46
x — 15-05-2006 13:52:23
Kotinussa — 16-05-2006 22:12:54
daniel — 17-05-2006 19:27:05
el gran chimp — 18-05-2006 13:14:16
x — 19-05-2006 09:44:25
JuditH — 20-05-2006 02:51:38