Polis de guardería. ( I I )
En el Mundial 2002, “Japan-Korea”, todos los extranjeros (“gaijin”) eramos “hooligans” en potencia. La policia japonesa, que no está acostumbrada a alborotos multitudinarios,
( imaginaros el día en el que a Bin Landen le dé por hacer una de las suyas en Tokyo ) estando avisada de que los “supporters” son peligrosos cuando se desplazan y, además si se emborrachan, todavia peor , decidió controlar en todo momento a cualquiera que no tuviera los ojos rasgados. Y en mi caso, mi mujer siempre dice que yo tengo pinta de sospechoso –ni en casa te respetan-: “Si te detienen es porque pareces sospechoso”. Lógica japonesa. Asi que “me tocó la china” ( el premio ).
La Estación Central de Yokohama en esas fechas estaba tomada día y noche por policías de uniforme y por otros vestidos de paisano. Todos atentos. Me dirijo a dar una clase en un centro cercano a la estación. Una pareja de ellos me pide la documentación y ver el contenido de mi “mochila”. Sorpresa: entre mis pertenencias aparece mi navaja albaceteña, la que siempre brilla frente al sol. Se miran entre ambos, ii Vamos para el “koban” que ya hemos pillao pieza!!... ii Te vas a enterar !!... Un japo delante, yo en el medio y el otro detrás. Los tres caminando en fila. Son las 8 de la tarde, la estacion a tope, mucha gente transitando y mirándome. Soy un delincuente para todos ellos y su eficaz policía me ha localizado.
LLegamos al “Police Box”. Me obligan a sacar todas mis pertenencias y me hacen diversas preguntas. Yo les contesto en español o en inglés. Nunca en japonés. “Al enemigo ni agua”, dice el refrán. Les digo que “nihongo wakaranai” ( ii No entiendo japonés !! )..que hablo inglés y, que quiero hacer una llamada telefónica. Tenía cita con una alumna, ya se pasaba la hora y, quería decirle que había problemas. Que estaba a dos minutos de allí… pero “enclaustrado”. Uno de los polis, el que tenía más pinta de asesino a sueldo base, me dice que si quiero llamar tengo que hablar en japonés, en voz alta y… con una grabadora enfrente. Le digo en mi pobre japonés que mejor no llamo, que hagan lo que quieran. Si tengo que pasar quince días a base de agua, arroz hervido y una ducha a la semana, pues bueno, ya se cansarán. Yo no tengo prisa.
Sale este policía con toda mi documentación fuera de la sala, la fotocopia y, de paso, aprovecha para llamar a mi mujer a casa y decirle que estoy detenido en el “koban” de la Estación de Yokohama, que venga urgentemente. Imaginaros el susto que se llevó, sin comerlo ni beberlo. Salió disparada hacia allá. Mientras, el otro policía, más benevolente, aprovechando que su compañero no estaba me ofrecio su móvil personal para hacer una llamada. Llamé a la alumna y le dije lo que pasaba, presentándose en tres minutos.
Al llegar la chica, le digo lo que pasa y que les explique que en mi país es costumbre llevar una navaja, “p`a echar el cacho”, es decir, para comerse el bocata ( buena excusa, ya que aquí se come siempre fuera de casa ) y con pañuelo “cuatro nudos”. Ellos, dicen que excede las dimensiones normales y que en Japón está prohibido ese tipo de armas. El poli “malvado” la abre, la mide con sus dedos y dice que sobran cuatro centimetros. Intenta cerrarla, pero tiene una pestaña de seguridad. Imposible. Lo intenta varias veces pero como si nada. No tiene ni puta idea. Yo, pensando: ii A que se corta !!... ii A que se corta !!. Viendo el peligro, le digo “trae p`aca que yo la cierro”. Me mira con odio y me dice enfurecido : !!Damé!! ( ii Esta mal !!..., o mejor traducido: ii ni se te ocurra!! ) Mi pensamiento: ii Ojalá te cortes hijo de puta !!...
Llega mi mujer toda nerviosa. Habla con mi alumna en japonés y conversan con la policía. Estos les sugieren “que no lleve la navaja encima pues es un instrumento peligroso y además, soy extranjero”. Me dejan libre y le entregan la navaja a mi mujer, que de paso me la confisca y la esconde en casa. Los tres salimos a tomar unas cervezas en un bar cercano a la estación, para pasar el sofocón. Al día siguiente descubrí donde la escondió y desde entonces sigue acompañandome mi fiel albaceteña. Creo que no puso mucho empeño, para que la localizara rápidamente, pues nunca más me ha preguntado por ella.