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<title>quitapenas</title>
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<tagline>Foro entre amigos a los que les guste charlar sobre temas diferentes</tagline>
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<copyright>Copyright 2006</copyright>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>“Ver para creer...”</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/11/14/ver-para-creer"><![CDATA[<b>“Ver para creer…”</b><br />
<br />
Este mes se han cumplido cuatro años desde que abrí la oficina y, como cada dos años, he tenido que enviarle, por la cara, junto al pago normal una mensualidad aparte al dueño, lo que se llama “mensualidad de cortesía”, por hacer el “favor” de alquilarme el local. Cuando inicié la búsqueda de un sitio, para instalarme independientemente, recorrí todas las agencias inmobiliarias de Kawasaki. Por aquel entonces me acompañaba un brasileño que había trabajado conmigo en un periódico de Tokyo. El, en la sección de diseño y composición, yo como redactor y fotógrafo de las páginas culturales.<br />
<br />
Comenzamos a visitar agencia por agencia y siempre nos repetían lo mismo, después de hacernos innumerables preguntas personales: “A extranjeros no alquilamos porque siempre hay problemas” o “No queremos ni sudamericanos ni mascotas”, es decir comparaban a los sudamericanos con perros, ni más ni menos. En la mayoría de ellas nos decían esto último. A mi me dolía ver la cara de rabia, oculta eso si, que ponía mi colega, aunque no protestaba nada, pero debíamos hacer de tripas corazón si queríamos conseguir un sitio para instalarnos.<br />
<br />
Así estuvimos dos o tres días recorriendo inmobiliarias hasta que le dije “Vamos a cambiar de sistema, mañana voy a ir yo solo a ver que pasa”. En efecto, contacté con una de mis alumnas japonesas para que me acompañase como intérprete y a la segunda visita que hicimos pude alquilar una oficina. Por lo visto a los europeos se nos consideraba extranjeros de primera clase, pero… sin derecho a nada. Fui a ver el local con la señora de la inmobiliaria y quedamos en hacer el contrato la semana siguiente. Me pidió infinidad de papeles pero se los pude dar todos y, a los pocos dias, recibo una llamada de que está listo el contrato y que me pase por la agencia.<br />
<br />
Llega la hora de firmar el contrato. Nos dá una copia y la intérprete me la va traduciendo. Todo son obligaciones: 6 meses por adelantado, a fondo perdido,- como dije en otro comentario-, cambiar la moqueta del suelo, prohibido hacer agujeros en las paredes, reponer lo que se rompa y hacer un seguro contra incendios. El pago por adelantado, que según la ley, para los extranjeros “no es obligatorio” pero en la realidad, si quieres alquilar tienes que pagar. Es decir, como las lentejas, “si quieres las comes o sino las dejas”.<br />
<br />
Pero lo mas increible viene ahora. Yo pregunto por el dueño para firmar el contrato juntos y conocernos como es normal, y me dice la señora “…que no va a venir, que firme yo y después ya vendrá él otro día a firmar y luego me enviarán el contrato por correo”. Joder, lo normal es firmar uno en presencia del otro y más estando en la misma ciudad pero por lo visto eso no se estila aquí. Y en las dos renovaciones he recibido el contrato por correo y he tenido que devolverlo igualmente. Aun no se quién es el dueño todavía… después de cuatro años. Ver para creer.]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>iii Mi casa... mi visado... !!!</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/11/14/iii-mi-casa-mi-visado"><![CDATA[<b>iii Mi casa… mi visado… !!!</b><br />
<br />
Ultimamente he estado ocupado con el cambio de vivienda, asentando y sacando las últimas cosas, renovando mi visado en Japón y preparando un nuevo curso que ha comenzado ya este mes por lo que no he tenido tiempo prácticamente para nada. Bueno, he tenido tiempo para leer unos cuantos libros e irme un par de días de pesca o también montar un rato en la bicicleta, la “burra colorá”, como yo la llamo.<br />
<br />
Si alguna vez decidís venir a vivir a Japón, pensároslo bien primero. Tened en cuenta que al alquilar una vivienda deberéis pagar tres meses de fianza ( el reikin ), el mes de entrada por adelantado, un mes de cortesía al dueño por hacer el “favor” de alquilarte la vivienda ( las cuales son minúsculas ) y un mes a la inmobiliaria que hace el contrato. Total 6 meses de un golpe, a 120,000 yenes por mes, ya podéeis iros imaginando el tema. Y dicen que en Japón no hay robos… iii Joder, de “guante blanco” diría yo !!!.<br />
<br />
Aparte otras consideraciones, como que se necesita un fiador obligatorio que te avale y que el contrato se renueva cada dos años, debiendo pagar otra vez un mes de cortesia al dueño en cada renovación. Eso sí, cuando decidas marchar de la vivienda perderás la fianza obligatoriamente “para gastos de reparación y desgaste”, te dirá la inmobiliaria, porque el dueño ni aparecerá ni dará la cara, aunque no hayas roto nada y lo dejes todo tal como estaba.<br />
<br />
En el tema del visado pasa tres cuartos de lo mismo. Aquí los extranjeros tenemos dos documentos que debemos llevar siempre obligatoriamente encima: el pasaporte (“el paspoto”) y el carnet de “alienígena”, ( es decir el “Certificate of Alien Registration”, gaijintoroku, en japonés ) o permiso de residencia para extranjeros.<br />
<br />
Sin embargo hay una contradicción entre ellos. El visado ( que te lo plantan en el pasaporte ) ha de renovarse obligatoriamente cada tres años. El “gaijintoroku” se ha de renovar cada cinco años. Joder, si tienes un permiso de residencia por cinco años para qué has de renovar el visado cada tres años. O renuevas los dos a los 5 años o los dos a los tres años. Si tengo permiso de residencia legal para qué tengo que renovar el visado… Y en fechas distintas. No se entiende. Y si preguntas el porqué te dirán: “Son las normas”.<br />
<br />
Pero la aventura de renovar alguno de los dos, no la supera ni el famoso McGiver, que tenia solución para todo, si no andas un poco al hilo. Este año me ha tocado renovar el visado y he tenido que ir a Inmigración tres veces o cuatro, que ya ni recuerdo.<br />
<br />
La primera vez que fui, recogí los formularios correspondientes y pregunté si hacia falta algún papel más. Me dijeron que no. Luego pregunté que cuál era el plazo de presentación. Me contestaron que había plazo de presentación hasta treinta dias después del vencimiento, que en verdad son veintiocho porque mi visado vencia el 24 de agosto y me dijeron que el último día para presentar toda la documentación sería el 22 de septiembre inexcusablemente.<br />
<br />
La segunda vez que voy ( el dia 2 de septiembre ) presento los formularios debidamente rellenados y me dicen – en japonés - que me faltan: certificado de matrimonio, certificado de la renta de mi mujer, certificado de la renta mío, fé de vida de mi mujer ( es decir, si esta viva ) y una carta mía – esto es nuevo – de por qué estoy en Japón y a qué vine. Le digo que me lo podían haber dicho antes, cuando vine la primera vez, que para eso pregunté. “Son las normas” dicen. A todo esto,los funcionarios de la ventanilla solo hablan japonés. En un lugar en el que han de atender solamente a extranjeros no hablan el inglés los “cagatintas” japos. Increíble…<br />
<br />
Vuelvo el 12 de septiembre con todos los papeles que me piden y … ii Está todo correcto!!... pero me dice el funcionario: Falta una una cosa: una carta pidiendo excusas al Ministro de Justicia por tu tardanza en presentar el visado y los motivos de este hecho. Le digo, cortesmente – por dentro me hervía la sangre -, que el primer día me dijeron que había treinta dias de plazo despues del vencimiento para presentar toda la documentación. Su respuesta: Sí, está bien… pero son las normas. Total que me pongo a redactar la carta ( en inglés y español ) y la entrego ( menos mal que me habían respetado el orden en la cola de alienígenas ). “Ahora tienes que rellenar esta tarjeta postal con tus datos y el domicilio para avisarte cuando esté listo para recoger”. ii Olé sus cojones!!... si tienen los datos en todos los formularios y papeles exigidos… Por fin acabo.<br />
<br />
Me citan para recoger el visado el 10 de octubre y me dirijo por cuarta vez a las Oficinas de Inmigración. Hago cola. Al llegar mi turno me dicen que tengo que rellenar otro formulario para pagar las tasas correspondientes y subir a la oficina de pagos, dos pisos más arriba, volver a bajar con el resguardo y al entregarlo me devolverán el “pasaporte” con el visado. Todo muy sencillo nó…?]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>Halloween a la japonesa...</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/11/14/halloween-a-la-japonesa"><![CDATA[<b>Halloween a la japonesa…</b><br />
Estos días se celebran en Kawasaki las “productivas” fiestas de Halloween. Si en algo se caracteriza el comercio japonés es por intentar vender todo lo que se pueda y al precio más caro que se pueda con cualquier excusa posible. Todo se centra en vender y en vender. Aprovechan las festividades propias y, además, adoptan las ajenas con tal de incrementar sus ventas. Ahora toca el “jalogüin”, para lo cual llevan ya las tiendas, los restaurantes, los “convinis” ( tiendas de 24 horas ) más de un mes adornados con calabazas, y sus dependientes vestidos de brujas, esqueletos o similares. Esta costumbre la adoptaron hace 10 años y a los niños se la meten en la cabeza ya desde la cuna. Lo malo es que la próxima semana aparecerán en la basura cientos de disfraces de todo tipo. Para el año que viene ya no sirven. Consiste en ser diferente cada año pues en eso radica el nivel de vida social. Si repites eres un pobretón.<br />
<br />
Y en breves fechas, a primeros de noviembre, nos pondrán por todos los lados gigantescos abetos de navidad, naturales o artificiales, guirnaldas, bombillas y todos a vestirse de Papa Noel, mejor dicho, de “Santa”, para incitar al consumismo navideño. Que además, para ellos, de Navidad no tiene nada de nada y sólo lo celebran el dia 24 de diciembre, con una cena de lo más normalito, es decir, como la de todos los días y con un minúsculo “ christmas cake” de postre, comprado a precio de oro mediante catálogo publicitario.<br />
<br />
Y el dia 25 de diciembre por la mañana cambiarán la decoración y aparecerá como por encanto otra, la destinada al Año Nuevo que producirá un aluvión de compras hasta el dia 15 de enero en el que finalizan las celebraciones. Pinos y abetos a la basura y llegarán el bamboo, las agujas de pino y la paja de arroz trenzada alrededor de éste, los famosos “Kadomatsu” que despues seguirán el mismo camino que todo lo demás, es decir, a la puta calle. Eso sí, prepararán una comida pantagruélica el dia 1 de enero que les sobrará para tres días por lo menos comiendo lo mismo.<br />
<br />
Y desde el 15 de enero nos acosarán con los regalos y el chocolate ( “guirichoco”, o chocolate de compromiso ) para el dia de “San Valentín”, a un mes vista, y a partir del 15 de febrero hasta el 14 de marzo a las ocho de la tarde, ni un minuto más, nos agobiarán con el chocolate para regalarle a las chicas en el “White Day”, como dia de devolución de los regalos recibidos el 14 de febrero. Como podeis ver no se les escapa una ocasión de poder incitarnos a comprar con cualquier tipo de excusa propia o ajena.]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
	</author>
	<title>La avispa "kamikaze"...</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/10/02/la-avispa-kamikaze"><![CDATA[La avispa "kamikaze"...<br />
<br />
Voy hacia el centro de Tokyo a la una del mediodía. El tren abarrotado de colegialas “lolicon” y sus homónimos de instituto pero en feo y desastrao. También viajan oficinistas con sus maletines, jubilados, amas de casa con sus bebes y algún que otro despistado como yo. Me dirijo a la “Spain Gourmet Fair” en uno de los Hoteles más prestigiosos de Tokyo, el “New Otani”, donde volveré a ver a varios de mis amigos que vienen con sus productos para intentar conquistar el mercado japonés. <br />
<br />
El dia es muy apacible, soleado y de los mejores del año. De pronto, al cerrarse las puertas en una de las estaciones se introduce una avispa en el vagón. Grande, negra, con rayas amarillas que aparenta como un tigre y no parece tener buenas intenciones. Vuela de acá para allá y aquello se convierte en algo histérico. Las “lolicon” chillando, los cabrones de los colegiales azuzando a la avispa cada vez que pasaba por su zona, los oficinistas agachándose cuando se acercaba el “kamikaze”, las madres asustadas protegiendo a los niños, los jubilados sentados, impasibles. El resto acojonados o precavidos. <br />
<br />
Son tres o cuatro minutos interminables. A su paso la gente se levanta, se agacha, grita, se arremolina… Llegando ya a la próxima estación, la avispa, cansada, se posa en la ventana que está a mi lado. Todos la observan, callados pero ni dios se mueve. Me decido y saco un pañuelo. Lo doblo varias veces y la cojo con cuidado. Cuando se abren las puertas, lanzo pañuelo y avispa fuera. La gente me mira con agradecimiento, envidia o respeto, pero… de verdad que no lo sé. Lo único que pienso: ii para que os habrá dado Buda esos cojonazos !!.<br />
<br />
Después de pasar varias horas en la feria, degustando, catando y hablando sobre futuros proyectos me vuelvo hacia Yokohama, un poquito caliente por el vino y las viandas, donde tengo una cita para tomar unas cervezas con “Tetitas de chocolate”. Al bajar por las escaleras de la estación un japo me da un brusco empujón “sin queriendo” y largándose alevosamente, pero me da tiempo para plantarle una buena “hostia” entre los dos homoplatos que le debe “saber a peras”. No se revuelve, señal de que se ha dado cuenta de que si lo hace y “vuelve a por uvas”, se lleva un racimo con toda seguridad. <br />
<br />
En la salida noroeste de la estación, en unos jardines donde la gente se reune al fresquito para beber, me espera mi alumna con unas cervezas. Mientras las tomamos vemos que a un gato asiduo, gordo, al que conocemos desde que era un cachorro y al que alimenta todo el mundo se le escapa, por velocidad, una rata tras una alcantarilla.   ii Estás gordo y te estás haciendo cómodo, cabronazo !!<br />
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
	</author>
	<title>Viernes noche en Kawasaki</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/09/11/viernes-noche-en-kawasaki"><![CDATA[<b>Viernes noche en Kawasaki</b><br />
<br />
Hoy es viernes y comienza, a las 6 de la tarde, la diversión japonesa semanal. A esa hora contemplo desde la ventana de mi oficina como diferentes grupos de empleados se dirigen a beber a las “izakayas” -tabernas baratas-, donde olvidarán las penurias y restricciones alcohólicas semanales. En poco más de una hora la mayoría de ellos tendrá un puntito lúcido,es decir, una cogorza fina, debido a las “yokkis” de entrada – jarras de cerveza-, como mínimo dos o tres, bebidas apresudaramente, y luego, vasos de saké o de shochu – aguardiente japonés- irán cayendo con auténtica fruición. Entre tanto habrán picado unos minúsculos aperitivos, “otsumami” que generalmente combinan vegetales diversos y carne en ligeras tiras. Para ellos es vital beber y hablar los viernes con los compañeros aunque el resto de la semana apenas tengan contacto entre sí.<br />
<br />
Salgo de mi oficina a las 7,30 y ya muchos de ellos, sudorosos y rojos como tomates, se dirigen hacia el tren, agarrados del brazo, tambaleándose y farfullando palabras ininteligibles. Por la pinta que llevan, la mayoría llegará a casa en lamentables condiciones. Y el que no llegue, se habrá quedado aparcado en algun sitio a dormir la borrachera o se “transmutará” en el tren, entrando en estado semi-letárgico, y pasará de largo hasta el fin del mundo. Mientras caminan les ofrecen folletos de karaoke, tarjetas para acudir a night-clubs, a 16,000 yenes los 30 minutos o a 23,000 los 45, solo por hablar y beber o intercambiar una leve caricia con las hostess-girls, -filipinas, thais, rusas-. Las “masajistas” chinas que pululan por la avenida intentan hacerles pasar sus viernes- noche particular: “massage ikaga desuka…? Niman, niman, ii kimochi desune !!...” ( “Te apetece un masaje…? son 20,000… Está muy bien !!...”). A mi me conocen de verme pasar a menudo asi que ya ni me molestan. Pero al principio era terrorífico. En doscientos metros del tramo central de la avenida, que veinte mujeres te pregunten lo mismo todos los días es cargante. Incluso las hay que se te cuelgan del cuello o del brazo y se van andando contigo, insistiendo, insistiendo… pegajosamente.<br />
<br />
He decidido irme a comer un ramen chino picante, “maa-ramen”, mi preferido en Kawasaki, al séptimo piso del More`s, un edificio comercial y de diversión que me queda muy cercano y luego me iré a casa en bicicleta, disfrutando de la noche y del ambiente, pedaleando sin prisas. Mientras me llega el humeante tazón rojo con los tallarines cortados a mano y picando a rabiar, pido una yokki y observo que poco a poco el lugar se va llenando de chicas oficinistas y de empleadas de las tiendas del edificio. Todavía les quedan unas horas de trabajo y salen a cenar rápidamente. A pesar del aire acondicionado todo el mundo suda por efecto del calor de la sopa y por sus agresivos componentes.<br />
<br />
Cerca de la estación de tren, junto a unos jardines, como todas las noches, está el grupo de mendigos habitual tomando litros y litros de “chu-hi”, aguardiente con zumo de pomelo. Ya van bien servidos. Suele haber seis mendigos, incluída una mujer. A veces desaparece con alguno de ellos entre los arbustos para desfogarlo, por el módico precio de mil yenes, que siempre le entregan a prorrateo, al momento de levantarse del grupo. Al regreso nadie pregunta nada. Ni se inmutan. Un grupo bien avenido sin tabues moralizantes ni zarandajas por el estilo.<br />
<br />
Me interno en una larga calle, iluminada con cientos de farolillos, donde estan la mayoría de los clubs nocturnos de la zona. A la puerta, tomando el fresco, decenas y decenas de mujeres ofrecen su mercancía mediante dos palmadas, !! pan pan !!, de ahí viene que antiguamente se denominara como chicas “pan-pan” a las que practicaban la prostitución. Aparcados, con vigilantes trajeados, hay una gran cantidad de coches negros, con cristales tintados, de gran cilindrada, casi todos de marcas extranjeras. Pertenecen a la “yakuza”, la mafia japonesa que controla el puterío, los juegos y el dinero negro a alto interés. En esos momentos  pasa un coche policial, un “Patoka” – Patrol car-, que hace la vista gorda mientras pasa en su primera ronda nocturna. Los mafiosos ni se inmutan y las chicas menos. Se nota connivencia en el ambiente: “Si tu no nos molestas nosotros tampoco te molestamos. Cada uno a lo suyo”.<br />
<br />
Al llegar al otro lado de la estación, al lado del “Symphony Hall” hay un grupo de asalariados de primer año sentados en el suelo. Ellos y ellas con su traje negro. Hay uno borracho total al que le han colgado una bolsa plástica de oreja a oreja para que vomite sin manchar. Tecnología punta. Al lado del grupo hay desparramadas una ingente cantidad de latas de cerveza y chu-hi. Se nota que están disfrutando. Viene un “recogelatas”,de los muchos que hay ahora y casi llena un saco. Mañana sábado las irá a vender ya machacadas junto con todas las que ha recogido durante la semana y se sacará unos pocos billetes para seguir subsistiendo. <br />
<br />
Sigo pedaleando un rato y entro en un “convini” a comprar una cerveza. Sólo quedan de las caras. Los salaryman han acabado con las happosu, las baratas. Se nota que los gastos van haciendo estragos en sus bolsillos. Compro una Asahi de medio litro y la bebo tranquilamente, aislado del mundanal ruido. Una placidez de la que no saben disfrutar los japos en viernes.<br />
<br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
	</author>
	<title>Epoca de Hanabi.</title>
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	<modified>2006-08-28T08:44:20Z</modified>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/08/28/epoca-de-hanabi"><![CDATA[<b>Epoca de Hanabi.</b><br />
Uno de los atractivos de Japón son, sin duda, los fuegos artificiales, “los hanabi”, que llenan de liz y color el cielo japonés cada verano. Hay gran cantidad de festivales pirotécnicos por todo el país en los cuales, fabricantes y artesanos de la pólvora, compiten por lograr las más diversas formas y los más osados colores que posteriormente presentarán el verano siguiente en otras ciudades. En verdad son grandiosos y diferentes a los de otros paises tanto por su belleza como su duración.<br />
A los japoneses les encanta acudir a verlos pero lo interesante es ver la parafernalia que se crean para asistir a tales celebraciones.<br />
<br />
Podemos ver los trenes atestados de parejas de novios o amigos incipientes, ellas con el kimono de verano, el “yukata”, con sus cestitas de pic-nic y ellos, la mayoría, totalmente desaliñados, vistiendo viejos vaqueros raídos, caídos por atrás, largas camisetas, donde podrían entrar tres en uno, el pelo teñido y mal peinado, gorra de beisbol ladeada al más puro estilo y además arrastrando ruidosamente sus pesadas botas de cuero o sus zapatillas deportivas. Contrasta ver como van de arregladas y pizpiretas las mujercitas japonesas y lo desastrado de sus acompañantes. Aunque algunos hay que también visten el kimono, pero son los menos. Si fuera japonesa no permitiría que el acompañante de turno desluciese mi belleza tan impertinentemente. Como dije más de una vez, “vestir adecuadamente no va con ellos”.<br />
<br />
En mi caso siempre tengo la buena o mala suerte que cuando hay “fuegos” en Yokohama tengo que salir hacía Tokyo o Kawasaki en tren a impartir alguna clase. Por lo tanto a la ida y a la vuelta intento demorarme un poco para no encontrarme a la ruidosa marabunta. Ello no quita que vea situaciones curiosas que incluso contrastan entre si.<br />
Sobre todo al regreso. El tren es la vida en Japón y la sala de estar donde se convive a diario. Lo que no veas en un tren no lo verás en ningún sitio.<br />
<br />
Esta vez, al subir al último tren de la noche, de frente y sentada, hay una cincuentona que ha salido de fiesta y regresa más cocida que una gamba. Debe pensar que ya ha llegado a casa. Se quita los tacones de aguja y se pone cómoda. Al momento, sin abrir los ojos, se desabotona su blusa y la deja a un lado. Se queda unicamente con una camiseta de tirantes. Al fresquito del aire acondicionado. Comodidad total. Después, sin el menor arrobo o escrúpulo, se quita dos “pegatetas” de silicona y las guarda en su bolso. Se queda dormida profundamente y se descabala total. El tirante de la izquierda resbala suavemente desde su hombro hasta el codo por efectos del vaiven y asoma una réplica del Monte Fuji. Ahora se ladea hacía la derecha y al momento el otro tirante corre la misma suerte. Aparece también el homónimo del primero. Tal como si parecieran dos huevos fritos en un tazón de arroz. Para rematar la jugada echa la cabeza hacía atrás y abre las piernas dejando entrever hasta la marca de la ropa interior, “Gunze”. Como altera las cabezas el alcohol.<br />
<br />
A mi izquierda viaja un dandy japones, de edad indeterminada, vestido totalmente de blanco, estilo “Garcia Marquez” en sus buenos tiempos, con bigote rectilineo y sombrero panamá incluido que no puede evitar, a la vista del espectaculo, meterse la mano derecha en el bolsillo y acariciar su documentación. Ampara su acción tras el maletín de piel de avestruz y no oculta su cara de satisfacción. Lástima que tiene que apearse en la estación siguiente y la guardia de seguridad del tren entra a buscar a la descocada y profundamente dormida exhibicionista, obligándola a taparse adecuadamente.<br />
<br />
Al llegar a la estación de Yokohama sube una mujer realmente preciosa que bien pudiera ser la protagonista de “Historia de una Geisha” pero en vez de tener los ojos grises, como ella, lleva lentillas verdes que realzan mucho más su belleza. Vestida con un yukata negro, transparente y morboso. Se sabe guapa, dueña de si misma, y de la situación. Bajo la transparencia se advina un tanga “ hilo dental” rojo, a juego con el amplio lazo que adorna su cintura y el quitasol que lleva en su mano, y además con un cuerpo perfectamente contorneado. Nadie le quita ojo. Las mujeres miran con envidia y los hombres miramos sus redondeces en perfecta disposición. Sorpresas te da la vida, pienso. Todo acaba dos estaciones más alla cuando ella baja a la zona de ambiente nocturno a glorificar su paseo y tal vez encontrar algún acompañante ocasional que pague sus excesos.<br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
	</author>
	<title>“Burrocracia pura y dura”…</title>
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Hoy es mi día libre. La temperatura es alta y hay mucha humedad. Estaría mejor en casa con una cervecita de “kirin” y el aire acondicionado. Pero hay que salir. Las calles, a pesar de ser una hora cercana al mediodía siguen con las bolsas de basura a la intemperie. Gatos y cuervos se disputan el sustento diario. Graznidos y maullidos los delatan. Me dirijo a la Oficina de Inmigración. Mi visado caduca el próximo mes y tengo que recoger los formularios para poder renovarlo. Su vigencia es por tres años. Todavia no entiendo porqué tengo que renovar mi visado cada tres años si tengo un documento japonés, el “gaijintoroku”, documento oficial de los extranjeros, que me permite vivir durante 5 años sin problema. Que se renueven los dos al mismo tiempo. O cuando se acabe uno también acabe el otro. Pero no. Una cosa es el Ayuntamiento y su “gaijintoroku” y otra es inmigración y su visado. Si preguntas en uno dicen que vayas a preguntar al otro y viceversa. La culpa no es de nadie. Mejor dejarlo como está. Si,… pero pagando las tasas correspondientes. Paso de hacer cola, tengo el número 132 – y hay 28 esperando por delante de mi -. Recojo los papeles y el próximo mes nos veremos las caras. Hoy no tengo ganas de discutir ni de esperar.<br />
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Voy al ayuntamiento y tengo el numero 955. Joder, desesperante. Me siento tranquilamente, debajo de una salida de aire acondicionado y que sea cuando Buda quiera. Aparece gente de todo tipo y especie. Tres Filipinas. ¿Trabajo?... “sus labores”. Sus labores “profesionales”, para que vamos a engañarnos,“artistas del sexo”. Otra pareja de japoneses de edad madura. Ambos con camisa “hawaiana” y pantalón blanco impoluto. “Welcome to Hawaii” dicen sus atuendos entre dibujos de palmeras y chicas en pareo con collar al cuello. Ambos impecables… pero la señora lleva los zapatos rotos por todos los lados.<br />
En España decimos que una persona es elegante si lleva unos zapatos elegantes. Aquí no. Los zapatos son aparte. Lo que cuenta es el traje.<br />
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Llega una japa, cincuentona, típica mujer “seto”. Barriga, tetas caidas y culo abundante. Con vestimenta de seda, transparente e insinuante. Viene junto con su madre, de columna vertebral horizontal e inconfesables años. Vestida de morado y oro. Como “Jesulín de Ubrique” en sus buenos tiempos. Son de las mías. No guardan cola y se meten por todos los lados, sin respetar nada ni a nadie. A lo tonto a lo tonto pero acaban las primeras. ii Adiós hijas!!...<br />
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Acabo mi tema burocrático y me dirijo a Sakuragi-chó, típico barrio de compras y turistas en Yokohama. Al bajar en la estación me dirijo al servicio “a soltar líquido”. Esta a tope de gente. Queda un sitio libre y alli voy. En plena faena una vieja limpiadora mete su cepillo entre mis piernas, imperterrita a mi sagrada funcion. Ni mear a gusto dejan. Hay tres senoraslimpiando, ajenas a nuestra labor evacuatoria. Ni miran. Ya pasan de sexo y no tienen seso. A lo suyo. Son las tres de la tarde.<br />
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Vuelvo a mi casa en autobús desde la Estación Central de Yokohama. Todo lleno de jubilados y ninguno en su sitio, como siempre. Para que tendrán asientos preferentes, me pregunto, si ninguno se sienta en ellos. Aprovecho, aterrizo en uno y… a dormir. Pero el silencio dura poco. En la siguiente parada sube otra riada de viejetes y como ya solo quedan libres los asientos suyos se apoderan en tropel. Comentan en voz alta su excursión. Me hago el dormido y ni siquiera los miro.<br />
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Y me duermo… pero bien. Cuando abro los ojos no hay ni rastro de los jubilados ni de nadie. He llegado al final del trayecto de la linea 105, ceporro perdido, y mi barrio ha quedado mucho más atrás. ii A volver otra vez !!. Espero quince minutos a la salida del siguiente autobús. Estoy el primero y tendré buen asiento. Llega una chica morenota, buenas piernas, pelo largo, castaño, vestido de diseño. Oliendo a melocotón. Recién duchada. Subimos y se sienta a mi lado. Seguro que ya no me duermo en el viaje de vuelta. Espero que pueda aguantar los veinte minutos del trayecto hasta mi casa ante tan glorioso regalo de Buda...]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>Polis de guardería. ( II )</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/07/13/polis-de-guarderia-ii"><![CDATA[<b>Polis de guardería. ( I I )</b><br />
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En el Mundial 2002, “Japan-Korea”, todos los extranjeros (“gaijin”) eramos “hooligans” en potencia. La policia japonesa, que no está acostumbrada a alborotos multitudinarios,<br />
( imaginaros el día en el que a Bin Landen le dé por hacer una de las suyas en Tokyo ) estando avisada de que los “supporters” son peligrosos cuando se desplazan y, además si se emborrachan, todavia peor , decidió controlar en todo momento a cualquiera que no tuviera los ojos rasgados. Y en mi caso, mi mujer siempre dice que yo tengo pinta de sospechoso –ni en casa te respetan-: “Si te detienen es porque pareces sospechoso”. Lógica japonesa. Asi que “me tocó la china” ( el premio ).<br />
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La Estación Central de Yokohama en esas fechas estaba tomada día y noche por policías de uniforme y por otros vestidos de paisano. Todos atentos. Me dirijo a dar una clase en un centro cercano a la estación. Una pareja de ellos me pide la documentación y ver el contenido de mi “mochila”. Sorpresa: entre mis pertenencias aparece mi navaja albaceteña, la que siempre brilla frente al sol. Se miran entre ambos, ii Vamos para el “koban” que ya hemos pillao pieza!!... ii Te vas a enterar !!... Un japo delante, yo en el medio y el otro detrás. Los tres caminando en fila. Son las 8 de la tarde, la estacion a tope, mucha gente transitando y mirándome. Soy un delincuente para todos ellos y su eficaz policía me ha localizado.<br />
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LLegamos al “Police Box”. Me obligan a sacar todas mis pertenencias y me hacen diversas preguntas. Yo les contesto en español o en inglés. Nunca en japonés. “Al enemigo ni agua”, dice el refrán. Les digo que “nihongo wakaranai” ( ii No entiendo japonés !! )..que hablo inglés y, que quiero hacer una llamada telefónica. Tenía cita con una alumna, ya se pasaba la hora y, quería decirle que había problemas. Que estaba a dos minutos de allí… pero “enclaustrado”. Uno de los polis, el que tenía más pinta de asesino a sueldo base, me dice que si quiero llamar tengo que hablar en japonés, en voz alta y… con una grabadora enfrente. Le digo en mi pobre japonés que mejor no llamo, que hagan lo que quieran. Si tengo que pasar quince días a base de agua, arroz hervido y una ducha a la semana, pues bueno, ya se cansarán. Yo no tengo prisa.<br />
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Sale este policía con toda mi documentación fuera de la sala, la fotocopia y, de paso, aprovecha para llamar a mi mujer a casa y decirle que estoy detenido en el “koban” de la Estación de Yokohama, que venga urgentemente. Imaginaros el susto que se llevó, sin comerlo ni beberlo. Salió disparada hacia allá. Mientras, el otro policía, más benevolente, aprovechando que su compañero no estaba me ofrecio su móvil personal para hacer una llamada. Llamé a la alumna y le dije lo que pasaba, presentándose en tres minutos.<br />
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Al llegar la chica, le digo lo que pasa y que les explique que en mi país es costumbre llevar una navaja, “p`a echar el cacho”, es decir, para comerse el bocata ( buena excusa, ya que aquí se come siempre fuera de casa ) y con pañuelo “cuatro nudos”. Ellos, dicen que excede las dimensiones normales y que en Japón está prohibido ese tipo de armas. El poli “malvado” la abre, la mide con sus dedos y dice que sobran cuatro centimetros. Intenta cerrarla, pero tiene una pestaña de seguridad. Imposible. Lo intenta varias veces pero como si nada. No tiene ni puta idea. Yo, pensando: ii A que se corta !!... ii A que se corta !!. Viendo el peligro, le digo “trae p`aca que yo la cierro”. Me mira con odio y me dice enfurecido : !!Damé!! ( ii Esta mal !!..., o mejor traducido: ii ni se te ocurra!! ) Mi pensamiento: ii Ojalá te cortes hijo de puta !!...<br />
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Llega mi mujer toda nerviosa. Habla con mi alumna en japonés y conversan con la policía. Estos les sugieren “que no lleve la navaja encima pues es un instrumento peligroso y además, soy extranjero”. Me dejan libre y le entregan la navaja a mi mujer, que de paso me la confisca y la esconde en casa. Los tres salimos a tomar unas cervezas en un bar cercano a la estación, para pasar el sofocón. Al día siguiente descubrí donde la escondió y desde entonces sigue acompañandome mi fiel albaceteña. Creo que no puso mucho empeño, para que la localizara rápidamente, pues nunca más me ha preguntado por ella.]]></content>
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>Polis de guardería. ( I )</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/07/04/polis-de-guarderia-i"><![CDATA[<b>Polis de guardería.</b><br />
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Si hay temas interesantes para conocer el verdadero Japón, sin duda, uno de ellos es observar la actuación policial, sus métodos de trabajo, a veces, preventivos e intimidatorios con los extranjeros y, exageradamente amable con los nativos. Esto no lo notas cuando vienes en plan turista y te mueves por el centro de las ciudades o vas en viajes organizados, sino cuando ya llevas un cierto tiempo en el país. En cada barrio, generalmente al lado de las estaciones de tren o metro existen los llamados “koban”, especie de pequeños habitáculos donde los policías hacen su vida diaria. Suelen tener dos habitaciones. Una, abajo, donde hay una mesa, con un teléfono y, otra habitacion arriba, que suele tener un camastro y un pequeño servicio. Generalmente en cada “mini police station” de estos suele haber dos policías durante el día y ninguno durante la noche que es cuando, por lógica, deberían estar.<br />
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En Japón hay cuatro tipos de policías. Los que pululan por los parques en bicicletas blancas, llamados “policletos”, inofensivos, cuyo único fin es orientar mediante una ingente cantidad de mapas, que ni ellos saben interpretar, a los viandantes que se lo solicitan. Otro tipo son los llamados “motoretos”. Van en motocicletas de pequeña cilindrada, tipo repartidor de periódicos, y que son el azote nocturno de todos los extranjeros que estan fuera de casa a horas intempestivas. Cualquier “gaijin” que camine por la calle a altas horas de la madrugada es sospechoso de haber cometido un delíto y estos “angeles de la noche” están para descubrirlo o por lo menos para intentarlo. Son nuestros verdaderos enemigos en Japón. En vez de estar en su “koban”, localizables, se pasan la noche patrullando para ganar puntos, a cuenta nuestra, en un futuro ascenso. Son verdaderamente molestos.<br />
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El tercer tipo de policías son los “barritas”. Estos suelen ponerse frente a la puerta de su “koban” en posición marcial e inmóvil, con mirada amenazadora,–si eres extranjero y pasas cerca de el-, apoyados en una barra de hierro con franjas blancas y rojas, dispuestos a utilizarla en cualquier momento y medirte las costillas. Son expertos en artes marciales y su presencia tiene un fin claro: “Estamos para hacer cumplir la ley… a golpes si hace falta”. Muy fotogénica su imagen. Y el cuarto tipo de policía es el llamado “galáctico”, tipo “mazinger z”, que utiliza moto de gran cilindrada y que persigue delitos de tráfico, sobre todo en grandes vías y autopistas. Estos son de otro mundo.<br />
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Los que más abundan son los “motoretos”. Y son con los que tenemos que lidiar todos los días. Simplemente deciros, que en cinco años tengo estos datos: me han parado unas sesenta veces yendo en bicicleta, con petición de documentación incluída, otra vez, me “retuvo” la policía durante un par de horas en epoca del Mundial de Japón pues todo extranjero era sospechoso de ser un “hooligan” ( y yo portaba mi navaja correspondiente ), cuatro veces me han pedido la documentación en estaciones de tren, dos veces han venido a mi casa para que les rellenase un cuestionario ( con preguntas privadas ) con la excusa que “es para ayudarme y tenerme localizado en caso de terremoto grave”, etc…etc… Para aburrirte. En una segunda parte os contaré como suelen actuar ante un problema con un extranjero. Demencial o ridículo, según lo veas.<br />
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	<author>
		<name>Paco Ortega</name>
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	<title>Sábados de Gloria...? (II)</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://quenosetepaseporlacabeza.bitacoras.com/archivos/2006/06/26/sabados-de-gloria-ii"><![CDATA[<b>Sábados de Gloria...? (II)</b><br />
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Generalmente, el tercer sábado de cada mes los amigos de “Club Bravo” nos reunimos en Kawasaki para celebrar una cena española. Solemos acudir dos españoles, “nairbic”, al que habréis visto comentar en algunas ocasiones, gran historiador, exiliado voluntario y, el que esto suscribe, “X”, torero de a pie. El resto de asistentes suelen ser japoneses que hablan español medianamente bien. Comenzamos a cenar a las 7 de la tarde, -el que llegue tarde que se joda, ya lo saben-, y es obligatorio que cada uno de los asistentes lleve una botella de vino español. La casa, es decir, mismamente yo, obsequia con sangría a discreción y elabora el condumio colectivo correspondiente a ese día.<br />
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Entre los asistentes mas destacados, -aunque hay otros que acuden esporadicamente-, se encuentran los que citaré a continuación. Hiro, “El Cholo” Ishii, representante de vinos españoles en Japón, forofo del Atlético de Madrid y enamorado perdidamente de una guapa española, según se dice, becaria en Japón, que no le hace ni el más mínimo caso. “Mucho arroz p`a poco pollo”, que diríamos en mi tierra. Hirayama-san, ex-banquero de Mitsubishi, que quiere irse a vivir a España durante unos años, en plan sabático. Un trotamundos que vivió en Brasil y Venezuela durante varios años. Lina, “bailaora” de flamenco y amante en exceso del ron Bacardí y del “bocata” de tortilla de patatas. Taka-san, estudiante de español y aprendiz de cocina adelantado, buen bebedor y mejor comedor. Su frase más famosa es la siguiente: “Yo no se si vengo aquí para aprender español o solo para comer”. Y finalmente, “Tetitas de chocolate” (“choco no oppai-chan” en japo). Amante de la bebida, de la buena comida y… de estudiar, lo menos posible. Habla y discute hasta por los codos. Y si tiene encima alguna copilla de más, no se calla ni debajo del agua. <br />
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Como podeis ver una cuadrilla muy apañadita y diversa, pero vamos con la última que tiene su porqué. El apodo de “Tetitas de chocolate” surgió en una de estas cenas. Era el mes de marzo, más o menos. Asistia a la misma, por primera vez, un japo cuarentón, divorciado, directivo de una multinacional norteamericana de bebidas y un poco putero, ya que en tres horas o cuatro lo llamaron al móvil diferentes “asistentas sexuales” preguntándole donde iba a pasar la noche. Nuestra amiga, oppai-chan, había regresado de vacaciones de Hawaii en esa semana. Y como son todas las mujeres … luciendo moreno playero, acompañado del escote correspondiente y marcando canalillo insinuante.<br />
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El japo, de nombre Makoto, se bebió en un santiamén dos botellas de “Sangre de Toro” y se puso más caliente y salido que un novio primerizo. A pesar de los presentes y, además que era la primera vez que iba, le comenzó a decir lindezas como éstas: ii Te comeria esas dos tetitas de chocolate !!, o… ii puedo probarlas o tocarlas !! etc... Incluso se la quería llevar esa misma noche a un “love hoteru”. Y “Tetitas de chocolate” dandole largas y toreandolo, templando y mandando, que para eso vivió en Sudamérica y en España varios años. Se acaba la cena y visto que no lograba cortar oreja ni completar faena, el susodicho Makoto cogió un taxi y desapareció no, sin antes, echarle la última mirada y pedirle con un guiño que lo acompañara. Nunca más volvió por allí. Proximamente os contaré otra parte de esta historia. Mi venganza contra Makoto.]]></content>
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